Valle del Tiétar
La Adrada

   No conocemos hoy en día el origen de la población, pero se han detectedo diversos vestigios romanos, como el puente Mocha sobre el Tiétar. También se especula con la posibilidad de un asentamiento celta en el cerro donde hoy se sitúa el castillo.

 

 EDAD MEDIA:

 

    Durante el período de Al Andalus se considera probable que la localidad constituyera una de las aldeas del Valle del Tiétar ya existentes en las que habitara una mezcla de población musulmana y mozárabe. Ya se conocía su existencia en el año 1250. En 1274 el concejo de Ávila concede a la aldea en precario la posibilidad de roturar en un heredamiento en el puerto de la Avellaneda. La cesión es ratificada por el monarca Fernando IV en 1305, aunque ésta se configura sobre un territorio más amplio, asimilable al del futuro Señorio de La Adrada. Desde mediados del siglo XIII, propiciado por la transformación del medio mediante la deforestación y las roturaciones, el Valle del Tiétar se convirtió en una zona con un aprovechamiento variado en cuanto al sector primario (viñedos, cera, miel, castañas, aceite, árboles frutales, cereal (aunque éste no llegó a adquirir una importancia dominante en la economía), madera de los pinares, ganadería o la caza.

   En 1393 su primer señor, Rui López Dávalos, logra su secesión de Ávila, convirtiendola en villa núcleo de un señorío que comprendía también lasd aldeas de Sotillo de la Adrada, la Iglesuela, Piedralaves, Casavieja, Fresnedilla y Casillas. Estas posesiones, por la caída de favor de López Dávalos, fueron enajenadas por Juan II en 1422 y un año más tarde, en 1423, se concedió el señorío a Álvaro de Luna. En este período las tierras de La Adrada fueron repobladas, al parecer, por gentes ori8undas de La Estrada (Galicia) y Cinco Villas (Navarra). En el siglo XV, tras un corto período en manos de Álvaro de Luna, el señorío pasaría a manos de Beltrán de la Cueva. El hijo de éste, Antonio de la Cueva se convertiría en el origen del marquesado de La Adrada. El V marqués de La Adrada, Juan Francisco de Leyva y de la Cerda (1604-1677) llegaría en el futuro a convertirse en virrey de Nueva España.

   Con la obtención del título de villa, La Adrada obtiene la facultad de celebrar un mercado semanal y la feria anual de Todos los Santos (en los primeros 15 días de Noviembre). En ésta, según testimonios de la época, se traficaba con tejidos, ganados, armas, vinos, pieles, esclavos, etc.

 

EDAD MODERNA

 

   En el siglo XVI la vida corriente de las gentes se impregna de un fuerte sentido religioso. Entre las numerosas cofradías destaca por su espectacularidad la de la Sangre (fundada en 1555). El Jueves Santo, a lo largo de dos kilómetros, con inicio y final en la iglesia y escala en la desaparecida ermita de la Sangre, dos filas de nazarenos se azotaban la espalda descubierta hasta teñirla de rojo con una cuerda trenzada de esparto y ensartada de puntas de hierro.

   En 1627 se inicia un tortuoso pleito entre Ávila y el señorío de La Adrada. Ávila reclama la restitución de la dehesa de la Avellaneda, pero los regidores y vecinos de La Adrada se acogen al "Sanra Rita, Rita. Lo que se da, no se quita", encarcelando a dos jueces reales (Rodrigo Martín y Antonio Flores), que pretendieron sucesivamente ejecutar el auto judicial que daba la razón a los abulenses. Al fin, tras 23 añois de pleitos, ambos concejos firman la paz en 1651, año en que se firma una escritura de Concordia. Los pueblos del señorío se quedaron con la Avellaneda a cambio del pago a Ávila de dos censos (préstamos a muy largo plazo): El último no se acabó hasta 1970, año en que todavía se pagaban 150 pesetas anuales.

   Así llegamos al siglo XVIII: El catrastro de la Ensenada recoge la proliferación de numerosos molinos harineros (hasta nueve en el siglo XIX), casi todos ellos en la garganta de Santa María, excepto dos enclavados a orillas del río Tiétar. Había, además, una almazara y un batán.

   Singular era también la existencia de un hospital para viajeros pobres y vagabundos que proporcionaba doce reales a los pobres de solemnidad cuando caían enfermos. Se trata, al parecer, de la antigua Casa de los Jerónimos (calle Larga, 1 esquina con la Plaza Mayor), desde la cual, los monjes del Escorial explotaron dos molinos de papel en el municipio entre 1721 y 1830. La producción alcanzó su cénit a finales del siglo XVIII (40.600 resmas) y el género de mayor calidad se destinó a imprimir bulas de la Santa Cruzada de Toledo (privilegios para que los fieles pudieran comer carne en Cuaresma a cambio de un donativo)

   El municipio tiene una superficie de 58´67 km.2. Cuenta, según el padrón de 2013, con 2705 habitantes y una densidad de 46´11 hab./ km2

 

MONUMENTOS

 

   CASTILLO DE LA ADRADA:

 

   Su monumento más importante es el castillo de La Adrada, del siglo XIV y recientemente restaurado, que alberga el Centro de Interpretación Histórica del Valle del Tiétar. Este Castillo perteneció a Álvaro de Luna, valido del rey Juan II de Castilla.

   El pueblo también cuenta con una iglesia y una ermita de la época del castillo. Otro monumento destacable es la iglesia parroquial, que data del siglo XVI. También merece la pena visitar la Plaza de la Villa y sus alrededores.

 

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